M.J. Vidal Prado: hablando bien de Dios

María José Vidal Prado nació en Ferrol en 1967. Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Santiago de Compostela. Es profesora de Lengua y Literatura española. Ha publicado Historia de un jardín muerto y de un pájaro rojo (Vitruvio, 2015) y Polifonía (Aulaga literaria, 2016), además de poemas y relatos en varias antologías. Colaboró en El Correo Gallego con artículos de crítica literaria. Fue finalista del concurso de relatos de viaje de El País-Aguilar en 2006. Ganó el concurso de relatos de ciencia-ficción del Museo Elder en 2010, y el campeonato de improvisación literaria “Lucha libro” en 2015, en Las Palmas de Gran Canaria, con cuentos que fueron publicados por Baile del Sol. Actualmente vive en Toledo.

“En fin... Si no existe Dios, 
si no existen ángeles y no hay nada detrás de la muerte, 
¿por qué los adoradores de la nada 
no los adoran precisamente a ellos, ya que no existen?”

(V. Holan)
AMOR

Por ti yo fui mejor de lo que era.
Para resucitarte me hice Dios.
Multipliqué los panes y los peces.
Pero yo no era yo.

Por mí fuiste la luz del mediodía.
Fuiste la eternidad.
Detuviste la muerte y la tristeza.
Pero no fue verdad.

Cuando de pronto vimos quiénes éramos
el paraíso se borró.
Caímos cada uno hacia su abismo.
¡Quién sabe de verdad qué sucedió!


CREACIÓN 

Yo fui Dios de algún modo.
Todo me lo inventé, la luz, el mar,
las criaturas esas y también las del Bosco.
Precipitadamente lo hice.
Cinco días, y al sexto,
por no saber qué hacer, nos inventé.
Y quise descansar, pero caí
empujado por ángeles, demonios,
peces, abismos, hombres
que devoraban frutas.
Me caí y no llegué
a ser lo que iba a ser.
Nada, nadie llegó
a ser lo que iba a ser.
Me caí y todavía estoy cayendo.
Porque cuando fui Dios fui mi condena.


UNA LUZ 

A veces llega una luz del otro lado de la calle.
No tiene que ver con lo que tengo,
con lo que soy ni lo que hago.
Ilumina súbitamente
algo que no existía.
Dice la palabra que desconozco.

Entonces sé
que la distancia no era tan inmensa
ni tan corta la vida.
Y doy mi gratitud a la ventana,
de un lado a otro que ya son el mismo.


DIOS Y LOS HIPÓCRITAS 

La gente habla mal de Dios.
Lo relacionan con horarios
impuestos por los hombres,
impuestos.
Pero a mí no me gustan los horarios.
Yo hablo bien de Dios.
Es un lejano amigo muy cercano.
Él me salvó la vida varias veces.
Él me salvó del mar y de los hombres
que no amaban el mar.
Me susurró al oído: no vayas por ahí,
cuando cogí esos trenes que iban al desastre.
Me dijo: no te fíes de los curas,
no te fíes de nadie, sólo de aquel que ame
a tus hijos.
Y cuando perdí todo, tantas veces,
sólo él estuvo allí.
Y me trajo regalos,
los brotes de algún árbol en enero.
Y me enseñó este río.
Y me da cada día
una sonrisa azul,
la sonrisa que nunca
nadie me concedió.





En Speculum reunimos textos e imágenes de la tradición occidental
desde una perspectiva abiertamente cristiana
con el propósito de contribuir a su mejor conocimiento,
en la convicción de que el saber es el mejor camino hacia la fe.



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Edita: Libros al Albur